No, no es el comienzo de un homenaje al talentosísimo incapacitado estético que es Diego Peretti y tampoco se trata de una apelación subliminal a Comete un Terrabusi. Es más que una simple frase, elevada a la categoría de mito urbano, la que motiva esta decidida diatriba en contra de todos aquellos que, concientes de su incapacidad absoluta para manejar una situación o varias, recurren a esta pirueta de la locuacidad. Verdadera bagatela del acto de la comunicación verbal, detergente para el entendimiento propio y ajeno. Como si hubiera que disculparse por cambiar de opinión, de gustos o de costumbres de bragueta, o de todo esto al mismo tiempo. Y sobre todo esa maldita vergüenza de rechazar aquello que uno por algun motivo se ha dejado de querer. No gracias, ya tiré. El buey solo bien se lame. Prohibido prohibir. Cualquiera de estas cosignas sera más apropiada para salvar la dignidad propia y del interlocutor. Podeis iros en paz.