sábado, 5 de julio de 2008
Sueño
Todo esta muy confuso, me veo corriendo por un barrio interminable, es una tarde fría y me escapo de un principio que parece una continuación. Un hombre como un fantasma es la suma de miedos distintos. Hay una propuesta remota, una alegría y una promesa. Después un desplazamiento y de pronto la casa espaciosa y elegante. La mirada tranquila desmiente la bata blanca de toalla que es una familiaridad impropia, absurda. La charla me atropella de repente con una insinuación y un roce, que no comprendo. Interrogo su voz con con una mirada, sus palabras me alcanzan con violencia. En la boca del estómago un latigazo, y un sudor frío y pesado, - Pensálo y vamos a otro lugar, no quiero que sepan en el edificio que traigo a otras mujeres. La reacción brusca me dibuja en los ojos un brillo incandescente, sólo me deja avanzar un paso para escupir la ironia vulgar... -Eso es otro precio. En cámara lenta lo veo hacer el ademán en un bolsillo. Las piernas se me subleban y a la carrera casi escucho el golpe del advervio, del que pende la interrogación, como una hoz en la mano del asesino. Nada me detiene. Gano la calle oscura y paso entre los muertos como una exalación. Colectivos lúgubres de cuatro cifras, desconocidos. Una paraguaya me dice que estamos en Pompeya sur y se disuelve ante mis ojos. Me despierto.