Vistas de página en total

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Mañana de niebla

Levantase una mañana como esta, entre la niebla de las 7 que es absurda e interminable, mirarse los pies que caminan como autómatas adheridos a los tacos de las botas. Esforzase para decidir que ese aparato de acero circulante, que se bambolea pesadamente sobre el adoquinado avergonzado de pavimiento, es nuestro nuevo destino por los proximos 100 interminables minutos. Enroscarse sobre el asiento de cuero, dejarse mecer por el ronroneo del motor. Preguntarse por qué esta rutina está teñida de un sepia sospechoso, como el rumor en las mejillas, y sonreir de pronto sin motivo aparente. Entretenerse con las calles que pasan pesadamente por la ventanilla helada. Escucharse tarareando una melodía que se escapa suavemente de los labios. Verse desde afuera, el cuerpo compactado en el abrigo, los ojos brillantes a pesar del sueño. Sentirse aterrado al descubrirse completamente feliz.