Jack Nicholson en el resplandor, Hugo Soto en Hombre mirando al sudeste o el K-pax de Kevin Spacey, el tipo de galera que patina por Corrientes, la carta inexplicable del tarot con el juglar desdibujado, Kalil Jibram con las tapas arruinadas, el que atraviesa una avenida cualquiera con un auto caro a gran velocidad, otro que espera y desespera en una esquina mientras piensa a los gritos, un adolescente que comenta con otro una porno en el colectivo repleto, un viejo que prende el cigarrillo nuevo con el vestigio del anterior, un cana que aparentemente le hace el amor a un celular, el retador que sacrifica las facciones a los puños desmedidos del campeón de cualquier categoría, Benedicto XVI tarareando en latín, Hugo Chávez de uniforme en cadena nacional de un país prestado, cada uno de los que apuran una tarjeta magnética a las 7 de la mañana, el que se olvida de sus hijos, en la vida o en un shopping, por años o minutos, Piti alvarez devorando una cucharada de moho y el que disfruta el momento, el dueño de las vidas de otros; lo realmente terrible es la locura, que decide de repente y sin aviso, mostrarte como es morir un poco todos los días.